martes, 29 de noviembre de 2016

A la vuelta de..



A la vuelta de la esquina puede haber:
un pájaro que enfrentó la tempestad y está volando,
un sol de invierno para dorar la noche,
un pez que nada entre los dedos fríos,
unos ojos mojados de tristeza,
letras negras incrustadas en mi rojo corazón,
un amor inapagable como la vela que arde sin cesar desde las diez,
la dulce oscuridad de una noche dormida,
el olor de la comida que se hace lenta como la lluvia,
un animal indómito en medio de los ojos,
la acera de enfrente,
el óxido de hierro y su dulzor a beso mordido entre los labios,
mi alma que se ha ido en un vuelo,
la luz que tiene adentro mi ternura,
la belleza del mundo que se hace en nuestras manos, pese a todo,
las cartas que los temblores jamás terminarán,
los hilos que yo tiendo para crecer al sol,
los brillos de tiniebla en que me escondo,
la niña en que me pierdo,
los azules dulzores que me esperan...
Todo a la vuelta de la esquina.
Solo hay que abrir la piel y ver.
Una no imagina de lo que lo que lo libra la vida y de lo sorprendente bello que puede haber...
a la vuelta de la esquina.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Me tejiste el corazón.


Me tejiste el corazón
Con zurcidos porque el pobre ya venía maltrecho.
A veces te detuviste a bordarle unos pájaros amarillos y te empeñaste en darles migas y agua fresca cada que podíamos vernos.
Otras veces hiciste ojales y pegaste botones para que yo pudiera abrir y cerrar el corazón cuando tuviera ganas.
Hubo un lugar en el que dejaste unos colores para pintar para mis noches desteñidas.
En un rincón pusiste tu silloncito y me abrazaste a oscuras y escuché tu corazón cantar.
Cocinaste con frutos del mar y le lloviste yerbitas.
Después llenaste mi corazón con tus semillas. De girasol, para que fuera fuerte.
¿Y para qué? -Si yo te estaba viendo a tí- pensé.
-No necesitas a nadie- me dijiste.
Entonces hiciste un nudo en el hilo, lo cortaste con tu boca y te fuíste.
Y yo seguí viviendo, con mi corazón bordado y zurcido.
Intentando reír.
Intentando querer.
Intentando soñar.
A veces las personas se acercan y me hablan de tí. Y me dicen que eras un gran tejedor de corazones.
Eso yo ya lo sé.
Lo que ellas no saben es el nudo que adentro, muy adentro, tengo yo.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Hipótesis

Si creías
Si suponías
Si tenías la idea
Si se te cruzaba por la cabeza
Si pensabas
Si esperabas
Si se te había ocurrido
Olvídate
Hemos pasado ya tantas soledades que una más no es ni siquiera motivo de llanto, lágrima, grito, o desesperación escénica
Adentro es una eterna primavera
y las cuentas se saldan con la almohada.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Emigrantes de Shaun Tan



No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país,

no a la fuerza.

La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida.


Nacemos y nos cortan el cordón umbilical. Nos destierran

y nadie nos corta la memoria, la lengua, las calores. Tenemos que

aprender a vivir como el clavel del aire, propiamente del aire.


Soy una planta monstruosa. Mis raíces están a miles de

kilómetros de mí y no nos ata un tallo, nos separan dos mares

y un océano. El sol me mira cuando ellas respiran en la noche,

duelen de noche bajo el sol.

Roma, 14 de mayo 1980.
Juan Gelma.




Me preguntaba el otro día que come Shaun Tan para  poder escribir y dibujar lo que nos presenta en este libro. Que vitaminas agudizan su mirada tan refinada de una problemática que ya desde los Griegos era peor que la muerte: Ser desterrado, ser migrante, ser desplazado de su propia tierra con la maleta a cuestas como un caracol. Seguramente no podré averiguar esas sustancias alimentacias, pero este libro de seguro alimentará la sensibilidad a una problemática que atraviesa nuestro País y al mundo entero.

Trato de recordar como es el rostro de algunos de mis tíos y tías que emigraron a Barcelona, el tiempo les ha puesto un rostro ocre y en el alma de envalijan nostalgias de las que mi madre no quiere hablar. Cómo Shaun Tan tan lejano interpreta estos sentimientos que nos inundan a la gente que nació a la orilla de los Ríos Pescado y  Bodoquero?  será porque todos y todas siempre tenemos algo que ver con la tierra! 

Por ahora mientras regresan algunos de nuestros seres queridos, veamos a emigrantes.


El escritor Casadiego nos ayuda a ver describiendo lo que ve: A un hombre en el acto de organizar su maleta; entre sus pertenencias está, además de lo esencial, un retrato de familia: esposa e hija que lo han estado mirando en silencio, con la misma tristeza callada que envuelve al grupo. Encuadrada en perturbadores planos, la familia cruza la ciudad desierta en la noche: imágenes en sepia donde se acentúa el silencio, edificios cruzados por las sombras de rabos de lagartos gigantes, luego, a medida que ellos avanzan, los lagartos dejan de ser sombras y los vemos reales.

Algo, un miedo agazapado en la memoria, se nos mueve mientras avanzamos las páginas. La ciudad parece perdida en un tiempo olvidado. El grupo familiar logra llegar a la estación del ferrocarril. Las lágrimas, las manos que se van separando hasta que el tren se pierde en la noche. A partir de allí se dividen: madre e hija regresan solas a casa, rehacen el camino cruzado por ominosas sombras. El papá emprende solo el camino hacia su nueva tierra. Vemos el barco solitario, la inmensidad del mar, el cielo poblado de nubes tan espesas que parecen aplastar el barco, y la llegada a una isla que se nos parece a la isla Ellis en Nueva York, el sitio donde los emigrantes del siglo XIX y la primera parte del siglo XX pasaban los controles de inmigración y se estacionaban en cuarentena antes de entrar en territorio norteamericano.

Entramos al monstruo de ciudad, la escueta habitación donde irá a vivir de ahora en adelante, el extraño animal que salta del guardarropa, el primer amigo. La maleta sin deshacer, la maleta sobre una mesa, la maleta como ventana de la vida que dejó atrás: ve, a la esposa e hija, comiendo solitarias, en silencio, en la lejana ciudad donde se quedaron. Las ventanas de la ciudad: seres solitarios, cada uno en su cuarto: el dominio del silencio y de la poquedad. Sentirse perdido entre lenguajes indescifrables, culturas nuevas, animales extraños, curiosos objetos que flotan en el cielo. “Un lugar donde –nos dice su autor- los detalles básicos de la vida cotidiana son extraños”.

Y están las historias cruzadas de otros inmigrantes que como el protagonista debieron salir y dejarlo todo: los que huyeron de la esclavitud, de los trabajos sexuales, ciudades aplastadas por gigantes, los que huyeron de las guerras. Escapan en trenes, barcos y llegan a la misma ciudad donde poco a poco se van encontrando en la calle, en parques, hasta que, por la fuerza de la costumbre, se hacen amigos. El gusto de aquellos encuentros ocurren, no en el anonimato de la vasta ciudad, sino en la calidez de sus habitaciones que con el paso del tiempo se volvieron hogares con olor a comidas propias, espacios donde intentan entender lo que les está pasando, compartir sus historias del exilio, historias circulares que se cierran cuando el grupo familiar del protagonista logra por fin reencontrarse y la niña sirve de guía a otra viajera perdida. Terminamos el libro con la certeza visual de que esa soledad y ese silencio, el duelo por las cosas que quedaron atrás, no tiene nombre ni palabras.

En un mundo que se mueve, sus habitantes deberíamos tener libros ligeros y profundos como esos en nuestras maletas. Es como un manual de uso para enfrentar la soledad de nuestras historias cuando dejamos una tierra en la que quedaron nuestras señales de identidad, tal vez porque esa tierra se llenó de monstruos o porque estamos hechos de movimiento. El encuentro con lo otro y con el otro, no previsto, no cotidiano, nos conmueve, nos asusta, nos pone tristes. Pero al final llega la victoria: regresa el habla, la comida grupal, la esperanza.

**



El libro está construido con dibujos a lápiz sobre papel. Al disfrutarlo mientras lo vamos repasando, hoja por hoja, nos queda la sensación de antiguo, de vejez: es un libro tan viejo como la historia que narra. Su autor, Shaun Tan, confiesa su fascinación por las imágenes del pasado, la Nueva York de 1900, los objetos que ya son reliquias, las máquinas caducas. Nos dice que trabajó en la historia por cuatro años y se inspiró en anécdotas contadas por inmigrantes de diferentes países, entre los que se cuentan su padre, que llegó a Australia occidental procedente de Malasia en 1960 a estudiar arquitectura para luego montar, con su futura esposa, una tienda de lápices y artículos especializados para arquitectura (de ahí sus libros, la factura de sus dibujos). Habla de la ausencia de palabras en su libro. “En Inmigrantes (The Arrival) –escribe el autor-, la ausencia de escritura hace que el lector se meta de manera definitiva en los zapatos del inmigrante. No hay guía para interpretar las imágenes y nosotros mismos debemos buscar su significado y la familiaridad en un mundo donde tales cosas son escasas, o están ocultas. Ante la total ausencia de las palabras, una imagen puede tener más espacio conceptual, enfocando la atención de un lector al permitir que reine la imaginación”.


Shaun Tan (creador entre otros libros de The Lost Thing (2000), llevada posteriormente al cine por él mismo) se pregunta por el origen de sus historias. Dice que hay un encuentro, más inconsciente que consciente, alrededor de la pertenencia: su pérdida y su búsqueda. Haber vivido en Perth, Australia, “el lugar más alejado del mundo”, entre el desierto y el mar, lo ha puesto a pensar en su lugar en el mundo, en su pertenencia como ser humano.

Al encontrarnos con esos extraños mundos donde habitan los inmigrantes de su libro, uno podría pensar en la fantasía como una forma para remarcar la extrañeza de lo ajeno. “Los mundos imaginarios no siempre significan ausencia de asidero en la realidad. En el caso de Emigrantes, yo dibujé a partir de mis propias memorias de viajero en países extraños, ese sentimiento de tener las básicas, pero al mismo tiempo imprecisas, nociones de las cosas que me rodeaban, una conciencia de ambientes saturados de significados ocultos: todo tan extraño pero a la vez convincente. En ese país sin nombre de mi libro, las criaturas emergen de ollas y tazones, las luces flotan a la deriva por calles solitarias; puertas y armarios ocultan secretos, y en todas partes hay letreros que señalan, invitan o nos advierten en un indescifrable alfabeto. Es la suma de momentos que yo he experimentado como viajero, donde el simple acto de entender supone un desafío”

Valdría la pena preguntarse si Emigrantes es una historia para niños, pues tiene todo el formato de libro álbum y uno lo encuentra en la sección niños en las bibliotecas. ¿Qué puede percibir un niño de esa historia que tiene el formato de la novela gráfica, afortunada herencia de The Mysteries of Harris Burdick, de Chris Van Allsburg, o de The Invention of Hugo Cabret de Brian Selznick? Sería interesante trabajar el libro con niños en un taller, conversar con ellos sobre las imágenes y las sensaciones que se les vienen a la cabeza, trabajando algunas palabras claves: separación, miedo, huida, soledad.


**


La misma tarde en que miré Emigrantes en una biblioteca pública, me encontré con un libro de poemas de Martin Heidegger: Pensamientos poéticos (Barcelona, Herder, 2010). Creo que Shaun Tan, si no lo ha leído, le gustaría leerlo.

Callad en la palabra.
Y así, fundad el lenguaje.

Desde 1907, todos los días, salvo durante los años de guerra, dedicaba una hora al menos a los pensadores y poetas griegos: Homero, Píndaro, Empédocles, Sófocles, Tucídides. El libro es una oportunidad para rastrear esas lecturas, recoge toda su producción poética desde la juventud hasta la madurez: correspondencia, remembranzas de viejos amigos, poemas a Matisse, Cézanne o su admirado Van Gogh. Una oportunidad para explorar ese otro mundo del filósofo alemán visto desde la poesía, un mundo y un amor inédito que Heidegger legó, antes de morir, a su esposa.

Para ti,
en agradecimiento
por habitar
durante cuarenta y tres años
en la hermosa casa
y

por haber construido
el sitio de nuestra vejez
donde nos sea concedido
un tiempo decoroso.

Los poemas tienen que ver con el viaje y la llegada, con el habitar, siempre comenzado, siempre inconcluso. La imagen es, se me antoja, la palabra de cualquier página de Emigrantes.

Somos llegada:
andadura en el juego del mundo;
sonido desde el declinar;
canto que entró a sonar;
camino de regreso; casi ciegos,
medrosos en la danza circular.


...Una foto familiar se convierte en el hilo de Adriadna que regresará al protagonista al origen de su mito. La sentencia del viajero que desolado trata de descifrar su vida en la soledad de un trasatlántico: allí habitaba Heidegger, un siglo atrás.


Mantente en el rastro
de la cercanía de lo único.
Conserva el camino a casa.
Piensa la diferencia del ser.
Di lo que ella tiene de indecible.
Déjalo que repose lo impronunciado
en el lenguaje.
Construye en lo que es propio del camino.
Habita en la indicación de la seña,
empleado en su usanza.
Las señas dejan rastros
hacia la nada nadeante
que se rastrea en el dolor,
el de la llegada de la permanencia.


Es bueno tener un libro en la maleta lista para la partida imprevista. Un libro que nos anticipe. Que adivine algo del porvenir: tal vez la perspectiva del viaje, tal vez una experiencia de pérdida y de encuentro. Ambos libros nos ponen a pensar, reclaman nuestra esencia y bondad. “El hombre moderno –dijo Heidegger en unas clases impartidas hace ya mucho tiempo- difícilmente se encuentra en lo esencial porque conoce demasiadas cosas e incluso se cree que lo conoce todo”. Ambos autores apuestan por esa liviandad esencial a la hora de afrontar un viaje. Aunque meter la poesía en la vida sea asumir su propio peso. Tal vez el mismo peso de la filosofía, según el mismo Heidegger:







jueves, 10 de noviembre de 2016

Al volver a re leer ébano.

Ébano

Sale el sol, todo se inunda de luz y ya es hora de ponerse en marcha. Abre la comitiva el rebaño de camellas, conducido por los hombres y los muchachos. Lo siguen las ovejas y las cabras, envueltas en nubes de polvo. Y tras ellas, van las mujeres y los niños. Éste es el orden en que suelen caminar por el desierto los grupos de personas y animales, pero en esta ocasión, al mismísimo final, va también Hamed con un burro y además, el escritor, reportero occidental que cuenta esto: Rizar Kapuscinski.

En "Ébano", el autor Polaco recoge lo que ha vivido en África. Va dibujando el perfil de esa África que en abstracto no existe, sino sólo cuando el observador es capaz de hundir sus pies en el fango, en el mundo mítico y variado, en la riqueza cultural de múltiples etnias y en la soledad de un continente que se rebeló contra años de colonización y saqueo. Muestra en Ébano a través de 29 capítulos la vida de los campesinos en varios pueblos de Africa, que después de la segunda Guerra Mundial y de haber pertenecido a algún país subdesarrollado, los pueblos intentan descolonizarse de los europeos, americanos y asiáticos que les han robado su autonomía y libertad.

En África no hay una historia que se pueda transmitir en los libros, sino que su historia se transmite de generación en generación y cada generación la cambia y embellece, convirtiéndose así, la historia en mito. Por ello el autor nos dice “África es un "océano, un planeta variado en sí mismo, un universo variado y riquísimo. Si lo llamamos África es solo para simplificar y por pura comodidad. A parte de la denominación geográfica en realidad, África no existe"

Nos pinta con un lenguaje íntimo, y de narración descriptiva extraordinaria una África enferma de "malaria cerebral" que corre peligro de muerte a manos de los guerrilleros y los dictadores. Describe con maestría los golpes de estado, las despiadadas luchas por el poder, el genocidio de un millón de tutsis. Nadie como él para contarnos a qué huele un pescado secándose al sol, cómo suena un tambor fúnebre, a qué saben unas algas fermentadas.

Cómo escribir sobre un continente tan maravilloso y hacer que los lectores estén ahí oliendo una fruta, sintiendo la humedad y la pesadez del trópico y los mosquitos que zumban? Cómo hacer sentir a los lectores y lectoras la lentitud del tiempo? Quizás porque Kapuscinski no es un mero reportero, fue un periodista que como dijo él mismo, evitó siempre las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes, la gran política. Prefirió subirse a camiones repletos de enfermos de malaria, en carros alquilados que tiene que manejar entre manadas de ñus, haciendo auto-stop en medio del Sahara, con acompañantes anónimos y recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped y ser testigo de la vida de los campesinos de la sabana Tropical.

Ebano fue un libro incluido en Biblioteca Selecta Forum de Barcelona 2004, con esta obra Kapuscinski ganó el premio Viareggio; es un libro que debiera invitarse a estar en la biblioteca de todo amante del reportaje, la crónica, historia, la política y la filosofía. Debería regalarse en las facultades de periodismo como la lectura imprescindible. Hay quienes dicen que es la mejor obra maestra del autor, considerado uno de los maestros mundiales del reportaje y ganador en 2003 del premio Príncipe de Asturias de comunicación y Humanidades.

Así que solo basta decir que si vas a leer Ébano, asegúrate que te pillé bien sentado porque este libro te atrapa y no te suelta hasta el final. Yo, vuelvo otra vez vez a él.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Ojalá el mar no sea otra ilusión


Hay un mundo que se ha deshojado y ya no está. En ese tiempo –que puede parecernos inmemorial y perdido- las cosas tenían otra impensable duración. Eso cargaba la sustancia de todo lo que hacíamos con otra densidad. Los minutos podían demorarse horas en transcurrir, porque todavía había más horas para ser gastadas, usadas, diluidas, finalmente, en un devenir del que parecíamos no tener conciencia.

El sol –en ese entonces- tardaba más en irse de los manteles y mucho más de las paredes del mediodía. Algunos hasta quedaban prendidos del movimiento de una luz en el fondo de su pupila. Mirábamos cómo las hojas se abrían desenroscando sus verdes al girar y cómo las agujas de las tejedoras encimaban un punto sobre otro para enlazarlo en otra vuelta de lana roja y llegar a un final que parecía no arribar jamás. Los amigos se oían y las palabras de uno caminaban por los brazos del otro hasta alcanzar sus oídos donde dormían dulcemente acunadas. Ese era otro tiempo, inmemorial y perdido.

Hoy los minutos se adelgazan en una anoréxica vocación por ser segundos. Lo que no puede ser ya, pierde instantáneamente su mera posibilidad de existir. No encontramos los huecos y apenas si podemos respirar: un, dos, tres, inhale, exhale y ya: a otra cosa. Nos levantamos, hacemos mientras desayunamos, sacudimos un poco nuestra casa- miren como se destiñe esas fundas! acariciamos un poco, sólo un poco a los felinos que ronda nuestras vidas, hacemos las compras sin oler los tomates que deben ser rojos pero no importa demasiado a qué saben, no sabemos por dónde sale el sol y ya ni manteles quedaron para que se demore porque ya tocan el timbre y salimos a pagarle y entramos y comemos y a dormir porque se hace tarde y mañana hay que empezar otra vez y no tendremos tiempo para llamar al amigo, para querer el amor, para mirar las hojas desenroscarse y de pronto el tiempo nos arrebata lo que queríamos sin que alcanzásemos a mirar cuál era el color de sus pupilas al hablar. Y ya casi es diciembre y vuelta a empezar.

La guerra de hace más de 60 años, sigue acabándonos de una u otra forma, de una u otra forma... nos atrapó! Es otro tiempo, ahora la iluminamos la posibilidad que se acabe, y habrá que curarle las heridas, y habrá que sembrarle y cuidarle sus nuevas flores, y habrá... habrá que..... habrá que... pues esperamos otro tiempo... la paz debe ser un tiempo lindo!

Entre un tiempo y otro, venidos de la nada y del todo hay seres que zurcen aquella densidad con esta superficie y nos muestran que, más allá de las olas que ruedan en la orilla, el mar tiene una oscura profundidad y que ahí el tiempo podría ser diferente. Y vamos de su mano a sumergirnos con los ojos abiertos para poder aprender qué era aquello de detenerse a ver. Esos son los que cada uno llama maestros, venidos de otra vida para decirnos cómo hacer para sobrevivir a lo que ya se fue en la arena intempestiva del reloj.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Así es...

Alba borda con un hilo rojo sobre la tela de sus tristezas y el dibujo es tan bello, tan brillante, tan perfecto que Alba se muerde la mano para llorar más.

martes, 1 de noviembre de 2016

Cuando se heredan los vuelos


Papá:

querría poder volar
como si fuera un pájaro
y planear con el viento entre las plumas,
porque
en una manito apenas
me caben los momentos que jamás me entregaste
y
un agradecimiento:
haber aprendido de niña
a andar sobre mis piernas para alcanzar mi cielo
a nadar en mi miedo para ver la otra orilla
a apretar bien los párpados en medio de la lluvia.
Lo demás
-lo que la gente dice que fue haber sido hija-
eso lo desconozco
y me iré de este mundo sin haberlo sabido
porque no me enseñaste
ninguna otra cosa que no fuera soltarme al ruedo del silencio.


Y tal vez haya sido de verdad que tu último gesto fue también el primero.
Ahora estoy al borde del abismo
pero ya sé de qué sustancia está hecho mi vuelo.