sábado, 20 de octubre de 2012

Buenos días X

Mi querido X

Otra vez yo, Marie-Louise. Querría que supiera que, en estos meses en que tuvimos la dicha de encontrarnos, usted que necesitaba una mujer que supiera volar y yo, un hombre que pudiera conectarme con el suelo, y de acompañarnos he sido muy feliz. La posibilidad que usted me ha regalado a manos llenas de sentir la hierba en las plantas de los pies, el agua en el cuerpo y los besos en la boca, ha sido incomparable para mi corazón de pájaro fugitivo. He aprendido de usted la maravilla de hundir las manos en la tierra para depositar las plantas, de escuchar los sonidos que estallan en el silencio de los árboles, de querer a los animales que nos rodean. Ha desenredado usted las malezas de mi corazón, los túneles de mis miedos, los fantasmas de mi historia. A lo largo de estos días, mi querido X, he conseguido verdadera carnadura: duermo como corresponde, me alimento como Dios manda y sueño con una vida donde los cielos y la tierra se continúen uno en otro. Espero, tan siquiera, que usted haya sido igual de feliz y que el vuelo al que casi lo he obligado siga llevándolo por el cielo de nuestro afecto muchísimos días más.


Con amor, Marie-Louise