viernes, 6 de enero de 2017

¿Como terminar un amor?- ¿Cómo termina?
Nadie sabe. Sea lo que fuere el objeto amado,
desaparece, o pasa a la región Amistad
El amor que ha terminado se aleja
hacia otro mundo a la manera de un navío espacial
que cesa de parpadear: el ser amado resonaba
como un clamor y helo aquí de golpe apagado
(el otro no desaparece jamás cuándo y cómo se lo espera).”
Rolan Barthes- Fragmento de un discurso amoroso.




Después de vivir una cuarentena de cuidados a mí misma, tomando tecitos, piña colada, vinos, alejándome de Goethe y las tribulaciones Die Leiden des jungen Werthers, de repasar una y otra vez qué fue lo que hice o no hice, después de convencerme que no, no fue por fea, bruta, pobre, por etnia, edad o lugar (una feminista no contempla esas opciones del enfoque diferencial en estos casos) que el "bello ser" de tus afectos no se quedó contigo. Pues simplemente no podía y él no es responsable de nada, por más que una busque encochinarle algo. Fue perfecto tal como fue. punto. Tal vez el único cargo que se le imputa es que no habló a tiempo, el silencio es una gran carga que como Sísifo a veces debemos soportar.

¡Volver a la realidad es caer, dejar de vivir el vaivén de desesperación...que se intensifica con la tecnología del practico whatsap por ejemplo!  una ventana terriblemente cerrada en la que una de enamorada da serenatas silenciosas que nadie escucha. ¡Patética des-realidad! Dice Barthes en fragmentos del discurso amoroso que el enamorado está en la "desrealidad", y siente como una ilusión todo lo que el mundo llama la prosaica "realidad": su realidad es su relación con el objeto amado y los mil incidentes que lo atraviesan -sus miradas, sus sonrisas, sus palabras, sus gestos-, justo eso que el mundo considera como su "locura". A causa de ese trastrocamiento, el enamorado se siente prisionero de una inadaptación punzante. 

¡Para volverse adaptar una busca probar de todo, así que después de bendecir, orar, y repetir con respiraciones pausadas “visualiza tu felicidad aquí y ahora” Y cuanta cosa sagrada de mantras, mudras, visualizaciones, tomas de omnilife que sube las defensas en el cuerpo y alcanzan a iluminar la mente.. pues una no sabe… al fin que prodigioso menjurje es lo que nos sana...
 ¡Finalmente se contempla estos días... que por Dios!  no fue para tanto!  Que no fue una peste, que no hay que estar aislado ni hacer de esto un drama y si lo hace que involucre a otros que es más divertido. Ese egoísmo al que patriarcado nos condenó de sufrir solitas si no! ¡Nunca más!
  La sanidad y liberación, convengamos, es gracias al tiempo que  obra milagros. El amor en tiempos de post conflicto, el amor en tiempos de dengue, el amor en tiempos de reconstrucción de paz...o como le queramos llamar, en todo caso mi tiempo fue de 40 días, días más, días menos, redondeemos en 40. Pues el virus del desamor siempre como el chicunguña deja sus rescoldos malucos que hacen sus brotes cada tanto. Y acá estoy contemplado tranquila con corazón de hierro la escena. Una escena Política de narración y creación.


 Es penoso escribir y decir sobre el amor, se ve tan cursi, una se ve juzgada y compadecida de inmediato, el amor está tan desprestigiado en varios círculos académicos y por la ciencia. Pero cuando una comprende que el amor es un asunto político, hay una tabla de salvación, tal como lo hace la poesía. Al parecer quienes lo legitiman cada vez más son las revistas del corazón. El otro día sorprendí con una de estas revistas de compatibilidades amorosas a un conocido que estudio en Harvard, no supo cómo esconderla y el silencio fue mutuo. Para remediar la cosa y que no se magullara más el ego, le mentí con algo más rastrero para él, le dije que venía de hacerme tirar las cartas de donde una bruja. ¡Le alcancé a ver la envidia relampagueante en sus ojos!
 El miserable, es un enamorado no correspondido y se siente solo, sin respuestas, con ansiedad de whatsap. Y ha empezado a tener problemas en el trabajo por que esta fuera de foco según escuchó a sus colegas. Delante mío se criticó terriblemente por su situación. y ahí no más como si yo fuera un cura que pudiera absolverlo se dio látigo por estar leyendo este tipo de revistas. Barthes dice que el sujeto enamorado es un marginal, tanto más auténtico cuanto deja de estar de moda; es un sujeto cuyo discurso es provocador y heterodoxo y es capaz de alcanzar cotas insospechadas de autocrítica, aplicándose a sí mismo un poco de psicoanálisis de una manera salvaje.

Lo único que pude hacer por él fue recomendarle como tabla de salvación: la poesía. Barthes habla de eso, de la sintaxis -el lenguaje poético- que protege al enamorado: cuando el sujeto está muy desarmado, muy expuesto, muy solo, la sintaxis lo protege:" La poesía es su tabla de salvación, su defensa, porque el amor apasionado funciona, al igual que la literatura, como una moral". Allá lo dejé con una bibliografía de Pessoa y Ángel González, eso es para primeros auxilios.

Volvamos a lo difícil que es hablar del amor sin pasar por ridículo, se escucha más si se es científico y se dan buenas nuevas de cómo funciona según la ciencia el amor, ósea, poniéndole cerebro! pero exponer sus sentimientos acerca del amor y del sujeto amado, es intolerable! se pasa al otro extremo que es el escándalo, el chisme y el marketin en el reino capitalista.

Por qué no se habla del amor en serio?  si todo el mundo lo hace? ¿lo sufre? No, no se habla del amor, se hace, se vive, se dice de otras maneras, pero hay una cobardía en decir. ¡Podríamos decir con Barthes que es hasta una forma de vanguardia! Porque para él, en las sociedades actuales y ultradesarrolladas, el amor está pasado de moda, desvalorizan a través de bromas y groserías al sujeto enamorado, asimilado a un lunático. El amor apasionado no está bien visto, se le considera una enfermedad de la que hay que curarse porque ya no se le atribuye, como en otras épocas, un poder de enriquecimiento.

y en cuestión de decir… de comunicar…uno palidece al otro lado del teléfono, esperando. No se le dice al otro que se ama porque hay un miedo de ser menos autónomo. Hay que situar el amor como un algo político. Dejar de verlo como algo oculto o sólo de investigación como lo hicieron en un tiempo los Franceses que colocaron el amor como objeto privilegiado de investigación, de la teoría de la cultura, la sexualidad y el lenguaje. Hay que además sacarlo de la pornografía que hay que revindicar por el camino de lo erótico y ponerlo en lo público. Hay que rescatar al amor, hablar más de lo que sentimos para movilizar a la sociedad adormecida en la que estamos. Hay que poner al amor en el lenguaje de hoy, en la mesa en las leyes, en las normas, en la ética, el amor de familia, de comunidad, el amor al prójimo, ¡el amor concretamente en todas sus modalidades! Pero sobre todo al más desprestigiado que es el amor de pareja, o el amor a otro u otra. Hay que dejar de ser cínicos haciéndonos que eso es sólo de la vida privada (Y no haya como decirlo y publicarlo en cuanta red social hay) ya que el amor es “hablado por miles de personas, pero al que nadie sostiene; está completamente abandonado por los lenguajes circundantes”.

Además de ponerlo en los lenguajes circundantes, hay que bucear en aguas profundas y situarnos de manera digna en él, sin que nos aplaste la melancólica perdida del sujeto amado y lo reduzcamos sólo a eso: Pérdidas, éxitos y fracasos. Así que, en una buena cuarentena, además de vino y la poderosa poesía hay que escuchar a Derrida y Levinas que se preguntaron por el amor como asunto directamente político, saber de la vía de subjetivación o principio de comunidad. Eso ya nos ubica, así el amor se puede ver no sólo por nuestros ojitos anónimos, sino elevarse a la mirada de Bataille y las fuentes etnográficas del erotismo, enunciar el amor que nos habla Lacan sobre el significante “te amo”, El amor frente a la ideología de la tolerancia y el “mandato de goce” capitalista, el amor como fidelidad al acontecimiento. Alan Badiou, nos da un ejemplo de militante. La idea de redención nos la pone Agamben, y las amistades de Jaques Derrida.
 
Si uno no se sorprende y divierte con éstos tipos vuelve al lloriqueo, el crujir de dientes y arrastrarse por las vías de la desesperación. Tomarse las cosas suaves, saberse militante del amor y seguir creyendo en un amor propio, seguir creyendo en el otro es el secreto. En una conferencia en torno a la pregunta ¿Quién cree hoy?, Žižek comentó que se debe abandonar la idea de que vivimos en una época cínica en la que nadie cree nada, en comparación con la antigüedad, pues hoy se da más la recurrencia de la distancia retórica. Ahhh! Incluso el amor atraviesa también por esta distancia. Decir “te amo” tiene que ser mediado y distanciado —recurrir a una cita poética, por ejemplo— para que diga lo que nosotros no decimos por miedo a que signifique demasiado. La pregunta subsecuente de Žižek es ¿por qué el miedo a decirlo?”1

Bueno Barthes se atrevió a decirlo en fragmentos del discurso amoroso y una de las cosas que más me encanta es que habla de que los enamorados son seres libres y subversivos. Necesitamos más seres de esos en las calles, sobre todo ahora en tiempos para la paz. Ya no se puede reconocer a un enamorado por la calle: estamos rodeados de seres de los que no podemos saber si están o no enamorados, porque si lo están, se auto controlan enormemente.  Yo misma después de la cuarentena no encuentro locura, estoy domesticada. Cosa que espero remediar en 2017.
 La próxima que entre en esa corriente política hay que gritar a los 4 vientos que se está enamorada, encendida por una febril gana de fundirse con otro y cerciorse que el individuo sepa al menos que uno le ama. Porque sea el tiempo que dure (Ya decía Vinicio de Moraes: El amor es eterno mientras dura) Estar enamorado por sobre todas las cosas es sentir que se está vivo, es una fuerza motora que nos impulsa a acceder a un nivel de felicidad que nos saca del estatismo, de la monotonía y nos pone de cara a la creatividad y eso es lo que necesitamos: Decir y crear.




OCULTAR: Una vez confesado el amor, el sujeto se pregunta en qué medida debe ocultarle las perturbaciones de su pasión: sus deseos, sus desamparos, sus excesos. Está preso de un doble discurso, sufre o teme pero no quiere expresarlo por temor a dejar en evidencia sus paranoias. “Le impongo a mi pasión la máscara de la discreción”.

miércoles, 4 de enero de 2017

Dulce delirio

Espero una llegada, una reciprocidad, un signo prometido. Puede ser fútil o enormemente patético. Todo es solemne: no tengo sentido de las proporciones.
Hay una escenografía de la espera: la organizo, la manipulo, destaco un trozo de tiempo en que voy a imitar la pérdida del objeto amado y provocar todos los afectos de un pequeño duelo, lo cual se representa, por lo tanto, como una pieza del teatro.
La espera es un encantamiento: recibí la orden de no moverme. La espera de una llamada telefónica se teje así de interdicciones minúsculas, al infinito, hasta lo inconfesable: me privo de salir de la pieza, de ir al lavabo, de hablar por teléfono incluso; sufro si me telefonean; me enloquece pensar que a tal hora cercana será necesario que yo salga, arriesgándome así a perder el llamado. Todas estas diversiones que me solicitan serían momentos perdidos para la espera, impurezas de la angustia. Puesto que la angustia de la espera, en su pureza, quiere que yo me quede sentado en un sillón al alcance del teléfono, sin hacer nada.
El ser que espero no es real. El otro viene allí donde yo lo espero, allí donde yo lo he creado ya. Y si no viene lo alucino: la espera es un delirio.

Fragmento de un discurso amoroso.
Roland Barthes

miércoles, 28 de diciembre de 2016

de lo esencial

Usaré una linterna, un haz, un cocuyo para iluminar la palabra. Es así una perla, todas las preciosas juntas. El silencio existe gracias a que existe la palabra. Por eso podemos apreciarla. Me gusta el silencio también.

Es una maravilla ya al final de año, despedir al circulo de juego de niños y niñas a quiénes acompañamos en este 2016. Y cada palabra que les decía  de "hasta luego" iluminaban sus ojos y fui dueña de sus abrazos y sus sonrisas y algunas palabritas muy arcoiris me tocaron...

Los niños necesitan ser tocados por las palabras, el lenguaje les crea una primera piel que les permite, entre otras cosas, contener la dispersión y mediar con el mundo.

Siempre creí que la experiencia de la realidad debe de ser perturbadora para los niños, tanto que necesitan la palabra que ahuyente el miedo a esa avalancha de sensaciones que ha de suceder cuando se experimenta por primera vez el viento, o la lluvia, o los pájaros, o el mar...

Entonces -pensé- hablar con los chicos, buscar las palabras que les permitan designar lo que son, lo que sienten, el mundo cambiante que los invita y los asusta, es algo más que un ejercicio pedagógico: es ayudarlos a construir una identidad coherente.

Las palabras nos tocan, nos buscan, nos designan, nos sirven de tabla para flotar en el ancho y encrespado mar de la existencia. Las palabras nos permiten saber que estamos vivos; y, como la piel, no solo nos mantienen unidos sino también establecen nuestras conexiones sensoriales con el afuera, necesarios vínculos para aprender a conocer.

Yo he hecho casa de palabras: en ellas me he ocultado, en ellas me he desnudado, en ellas he aprendido a armar una sintaxis de vida, una gramática que fuera mía y me ordenara. Entre palabras he conocido el suspenso del "qué sucederá ahora" de un relato, la alegría lúdica de la poesía, la posibilidad de ser otra de los cuentos. Entre palabras amé a esos hombres que ven el mundo de manera tan distinta y completan mi visión. Entre palabras crié gatos y gatas. A veces las palabras no fueron piel sino coraza y en otras los verbos me ablandaron sinestésicamente el corazón.

En ciertas circunstancias -como la de la reunión de hoy- la vida me regala momentos de revelación luminosa. Y ya no puedo pensar en nada más que las palabras y su generosidad. Estoy infinitamente agradecida.



lunes, 26 de diciembre de 2016

La omnipresencia de la pérdida


Un año antes de su muerte, Franz Kafka vivió una experiencia muy insólita. Paseando por el parque Steglitz, en Berlín, encontró a una niña llorando desconsolada: había perdido su muñeca.
Kafka se ofreció a ayudar a buscar a la muñeca y se dispuso a reunirse con ella al día siguiente en el mismo lugar.
Incapaz de encontrar a la muñeca compuso una carta “escrita” por la muñeca y se la leyó cuando se reencontraron:
- “Por favor no me llores, he salido de viaje para ver el mundo. Te voy a escribir sobre mis aventuras ...“- Este fue el comienzo de muchas cartas.
Cuando él y la niña se reunían, él le leía estas cartas cuidadosamente compuestas de aventuras imaginarias sobre la querida muñeca . La niña fue consolada. Cuando las reuniones llegaron a su fin, Kafka le regaló una muñeca. Ella obviamente se veía diferente de la muñeca original . Una carta adjunta explicó:
-" ‘mis viajes me han cambiado … “ -
Muchos años más tarde, la chica ahora crecida, encontró una carta metida en una grieta desapercibida dentro de la muñeca . En resumen, decía: -" Cada cosa que amas, es muy probable que la pierdas, pero al final, el amor volverá de una forma diferente“- .


Kafka y la Muñeca... la omnipresencia de la pérdida.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Que bellas


Las palabras se precipitan, se juntan, se resbalan. Mojan los intersticios con sílabas viscosas, se clavan en el cuello con colmillos de sangre, se alzan el vestido en las escaleras, apuran un trago en el confesionario, mientras rezan algún Ave María. Las palabras insultan, acarician, suspiran, escriben sus obscenas frases en la puerta de un baño. Andan sobre la ruta en autos descapotables, fuman hasta enfermarse, se ponen portaligas, se empijaman, amasan con harina unos panes monstruosos que untan con mantequilla mientras suena algún blues.

Las palabras se bañan y las cercan las algas: alguna que otra vez se sintieron amadas y creyeron morirse debajo de los párpados; pero se despertaron luego y era una resaca andar pasando el día. Las palabras quisieron ser honestas y decir que no había sido ni siquiera una noche mejor que alguna otra, que no era tan bueno y qué tal si hablas y dices todo! y que tal si mejor te duermes! Las palabras dijeron lo que era necesario que se dijera entonces, cerraron la maleta y se marcharon sin regalar, siquiera, la dicha de un portazo. Cuando el frío del día les pegó en las mejillas, dijeron estoy viva, abrieron su boca de sirena y se rieron.

lunes, 19 de diciembre de 2016

estar despierta otra vez


y tocó tomar un té... así se reinicia.
Pongo mi corazón alucinado en esta taza.
Y le echo agua hirviendo para que se haga una tisana con esas plumas nuevas.
Dicen que la infusión de plumas de corazón alucinado son capaces de revertir el sentido del viento para que salga el sol sobre las últimas llanuras amazónicas.
Ya estoy bastante loquita.
Y tengo los párpados cansados de verme repetida al infinito.
¿Será esa la deuda con la muerte o habrá otra forma para salir del laberinto?
El corazón alucinado bulle en el agua que hierve y llena el borde de la taza, pero no puedo verlo.
Todos mis ojos están puestos en la forma que asume la verdad entre puntada y tela.
¿Por qué volver del sueño cuesta tamaña sangre?
he visto inception
En esta película, uno despierta a la realidad si cae a través de una patada!
Pero, no basta una patada para salir de ahí de lo agazapada que una esta.
se necesitan lluvias de patadas, para caer, para despertar!
¿Por qué no puede ser más simple la tormenta en el mar que, ciegos, navegamos?
Lo que mi corazón alucinado en agua hirviendo dice es que quiero creer, quiero estar viva, quiero negar esta vez el abismo: el mío personal.
Atrás gritan las viejas bocas las palabras de siempre.
Y el futuro es una niebla de sapos, de guerreros dormidos, de furores cansados y algún que otro jilguero.
A veces el amor tiene rodillas rotas y sin embargo continúa el camino, sangrando, con los ojos llorados; con la esperanza que agoniza en los dedos. Él sigue: va cambiando sus viejas vestiduras y persiste de desastre en desastre para que, a veces, se estrenen maravillas.
Y los jilgueros en la línea de bruma de la tarde cantan.
Todavía.
Su canto es verdadero.
Porque no hay otra cosa que la verdad para cantar.
Es la única flor que los siglos mantienen intacta aunque caiga la lluvia.
La tristeza es una trampa húmeda y las tisanas de corazón alucinado saben a muerto pronto.
Desde el alcázar del dolor no se ve la mañana.
Hay que curar esto con palabras que sepan a verdad.
Lo demás es el agua que queda en el fondo de la taza: congelada, vacía y corre veloz por el caño a la calle.
El amor tiene rodillas rotas, pero camina.
Con sus vestidos de ayer, con los de ahora: siempre camina.
Siempre: es decir, todos los días que me quedan en esta frágil vida.
camina y oh afortunadamente todo cambia.
no tengo remedio! así despierte echo a soñar algo nuevo.
pero por ahora... me mantendré despierta unos días
finalmente es bueno el té de corazón alucinado.
Lo recomiendo.


domingo, 18 de diciembre de 2016

solo un hilo

Cada cual a su tiempo podrá aceptar y decir que no.
claro, no es fácil, pero se podrá decir
cada cual buscará el hilo pequeño del que tirar
y saldrán
las palomas que estuvieron dormidas,
los ríos estancados
la luz de los pasados,
los sobres con las cartas que no fueron,
los vestidos bordados,
las sillas arruinadas,
la mar esperando mojarnos,
las ollas carcomidas de los días con hambre,
los libros olvidados debajo de la lluvia,
los lápices sin punta,
los faroles brillantes en medio de las noches del frío,
la soledad y el miedo,
las lágrimas y el grito,
los pesados postigos,
las vigas del silencio.
el sonido del mar irreal.
Y entonces sí se podrá andar: es increíble el espacio que ocupan las cosas tan dejadas.
Decir que no.
Y el camino -como fuera- continuará.
Porque todo en la vida continúa, sigue su rumbo
y otra vez vuelve a salir el sol para caer.
Solo hay que hallar el hilo.
Y tirar.
Con la seguridad de quien desea una vida prolongada de amor debajo de este sol y estas montañas.