jueves, 10 de noviembre de 2016

Al volver a re leer ébano.

Ébano

Sale el sol, todo se inunda de luz y ya es hora de ponerse en marcha. Abre la comitiva el rebaño de camellas, conducido por los hombres y los muchachos. Lo siguen las ovejas y las cabras, envueltas en nubes de polvo. Y tras ellas, van las mujeres y los niños. Éste es el orden en que suelen caminar por el desierto los grupos de personas y animales, pero en esta ocasión, al mismísimo final, va también Hamed con un burro y además, el escritor, reportero occidental que cuenta esto: Rizar Kapuscinski.

En "Ébano", el autor Polaco recoge lo que ha vivido en África. Va dibujando el perfil de esa África que en abstracto no existe, sino sólo cuando el observador es capaz de hundir sus pies en el fango, en el mundo mítico y variado, en la riqueza cultural de múltiples etnias y en la soledad de un continente que se rebeló contra años de colonización y saqueo. Muestra en Ébano a través de 29 capítulos la vida de los campesinos en varios pueblos de Africa, que después de la segunda Guerra Mundial y de haber pertenecido a algún país subdesarrollado, los pueblos intentan descolonizarse de los europeos, americanos y asiáticos que les han robado su autonomía y libertad.

En África no hay una historia que se pueda transmitir en los libros, sino que su historia se transmite de generación en generación y cada generación la cambia y embellece, convirtiéndose así, la historia en mito. Por ello el autor nos dice “África es un "océano, un planeta variado en sí mismo, un universo variado y riquísimo. Si lo llamamos África es solo para simplificar y por pura comodidad. A parte de la denominación geográfica en realidad, África no existe"

Nos pinta con un lenguaje íntimo, y de narración descriptiva extraordinaria una África enferma de "malaria cerebral" que corre peligro de muerte a manos de los guerrilleros y los dictadores. Describe con maestría los golpes de estado, las despiadadas luchas por el poder, el genocidio de un millón de tutsis. Nadie como él para contarnos a qué huele un pescado secándose al sol, cómo suena un tambor fúnebre, a qué saben unas algas fermentadas.

Cómo escribir sobre un continente tan maravilloso y hacer que los lectores estén ahí oliendo una fruta, sintiendo la humedad y la pesadez del trópico y los mosquitos que zumban? Cómo hacer sentir a los lectores y lectoras la lentitud del tiempo? Quizás porque Kapuscinski no es un mero reportero, fue un periodista que como dijo él mismo, evitó siempre las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes, la gran política. Prefirió subirse a camiones repletos de enfermos de malaria, en carros alquilados que tiene que manejar entre manadas de ñus, haciendo auto-stop en medio del Sahara, con acompañantes anónimos y recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped y ser testigo de la vida de los campesinos de la sabana Tropical.

Ebano fue un libro incluido en Biblioteca Selecta Forum de Barcelona 2004, con esta obra Kapuscinski ganó el premio Viareggio; es un libro que debiera invitarse a estar en la biblioteca de todo amante del reportaje, la crónica, historia, la política y la filosofía. Debería regalarse en las facultades de periodismo como la lectura imprescindible. Hay quienes dicen que es la mejor obra maestra del autor, considerado uno de los maestros mundiales del reportaje y ganador en 2003 del premio Príncipe de Asturias de comunicación y Humanidades.

Así que solo basta decir que si vas a leer Ébano, asegúrate que te pillé bien sentado porque este libro te atrapa y no te suelta hasta el final. Yo, vuelvo otra vez vez a él.

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