miércoles, 23 de noviembre de 2016

Me tejiste el corazón.


Me tejiste el corazón
Con zurcidos porque el pobre ya venía maltrecho.
A veces te detuviste a bordarle unos pájaros amarillos y te empeñaste en darles migas y agua fresca cada que podíamos vernos.
Otras veces hiciste ojales y pegaste botones para que yo pudiera abrir y cerrar el corazón cuando tuviera ganas.
Hubo un lugar en el que dejaste unos colores para pintar para mis noches desteñidas.
En un rincón pusiste tu silloncito y me abrazaste a oscuras y escuché tu corazón cantar.
Cocinaste con frutos del mar y le lloviste yerbitas.
Después llenaste mi corazón con tus semillas. De girasol, para que fuera fuerte.
¿Y para qué? -Si yo te estaba viendo a tí- pensé.
-No necesitas a nadie- me dijiste.
Entonces hiciste un nudo en el hilo, lo cortaste con tu boca y te fuíste.
Y yo seguí viviendo, con mi corazón bordado y zurcido.
Intentando reír.
Intentando querer.
Intentando soñar.
A veces las personas se acercan y me hablan de tí. Y me dicen que eras un gran tejedor de corazones.
Eso yo ya lo sé.
Lo que ellas no saben es el nudo que adentro, muy adentro, tengo yo.

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