sábado, 12 de noviembre de 2016

Emigrantes de Shaun Tan




No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país,

no a la fuerza.

La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida.


Nacemos y nos cortan el cordón umbilical. Nos destierran

y nadie nos corta la memoria, la lengua, las calores. Tenemos que

aprender a vivir como el clavel del aire, propiamente del aire.


Soy una planta monstruosa. Mis raíces están a miles de

kilómetros de mí y no nos ata un tallo, nos separan dos mares

y un océano. El sol me mira cuando ellas respiran en la noche,

duelen de noche bajo el sol.

Roma, 14 de mayo 1980.
Juan Gelman.




Me preguntaba el otro día que come Shaun Tan para  poder escribir y dibujar lo que nos presenta en este libro. Que vitaminas agudizan su mirada tan refinada de una problemática que ya desde los Griegos era peor que la muerte: Ser desterrado, ser migrante, ser desplazado de su propia tierra con la maleta a cuestas como un caracol. Seguramente no podré averiguar esas sustancias alimentacias, pero este libro de seguro alimentará la sensibilidad a una problemática que atraviesa nuestro País y al mundo entero.

Trato de recordar como es el rostro de algunos de mis tíos y tías que emigraron a Barcelona, el tiempo les ha puesto un rostro ocre y en el alma de envalijan nostalgias de las que mi madre no quiere hablar. Cómo Shaun Tan tan lejano interpreta estos sentimientos que nos inundan a la gente que nació a la orilla de los Ríos Pescado y  Bodoquero?  será porque todos y todas siempre tenemos algo que ver con la tierra! 

Por ahora mientras regresan algunos de nuestros seres queridos, veamos estas imágenes de Emigrantes de  Shaun Tan:



Parece que llega algo... la esperanza?







La cartas, el por-venir, mensajeros de la memoria:




1 comentarios:

Manuel Avila dijo...

Somos migrantes desde que abandonamos la no existencia y nos convertimos en esclavos del tiempo y el espacio. Destinados a vivir siempre en un presente que no alcanzamos a abrazar cuando ya nos hallamos en otro tiempo y otro espacio. Desterrados de nuestros recuerdos

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