sábado, 29 de octubre de 2016

estar en casa...



Pasan las cosas a través de las palabras y se embellecen.
El árbol amarillo se hace sol y miel hilada si lo digo.
La tierra es fértil oscuridad mojada por la lluvia.
Las palabras construyen la forma en que yo miro, dan carnadura al pliegue, dejan al viento hilachas y memorias que ellas traen y depositan su simiente en esta casa verde que tiembla debajo de las aguas, del fuego, de los aires que pasan de norte a sur como una fresca rosa, cardinal y profunda.
Desde la calle, mi cuarto tiene una luz azul y una pequeña gata ronronea con su motor de sangre.
Echa chispas su cuerpo ovillado en mis piernas.
El lenguaje es un arco de estrellas en la noche: pura raíz de niebla en que hablamos dos lenguas mezcladas, contundentes. Se difuminan entre sí las palabras como si fueran río de peces, de algas, de medusas terrenas.
Si entro a la cocina huele a casa, a fondo frío de baldosas y chocolate en taza.
La ropa blanca baila en el filo perfecto del día que ya nace.
Y voy nombrando las cosas para que cobren existencia.
Esta ciudad levanta su estatura de entre sábanas blancas y cobra movimiento.
hace un rugido tremendo con sus motos y gritos. Pero esa es ella y hay que dejarla ser.
Acá adentro en la casa, enciendo los elementos que nos llaman.
La gata se despierta con sus ojos verdes de mares y de sueños.
Hablo con ella.
La casa brilla como una estrella en medio de la hierba.
La nombro y echa a andar.
Es pura ensoñación.
Es un trazo de sílabas que vuelan.
El mundo es una frase que se dice.
Abro las puertas,  son las cinco de la mañana ...salgo: el frío son cristales chiquiticos que empiezo a dibujar mientras me río.


(Ilustración de Silvano Braido)

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