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Sólo bastaba ver el atardecer

Cuando el abuelo No está... Sólo eso me hizo volver hoy a asomarme a este blog que lleva años encapsulado.


“Tal vez, quizás; quizás, tal vez, encuentre algún pez”, me repetía a mi misma de camino a la laguna. No quise contrariar a mi abuelo y lo acompañé por quinta vez a pescar. La primera vez yo tenía diez años y me aburrí de lo lindo, las demás veces fueron especiales e igual de aburridas. Compartí muchas cosas con mi abuelo, pero la pesca nunca fue mi fuerte ni mi afición. Aún así, avancé camino al tedio. El día no acompañaba: cielo gris, temperatura baja; igual allí estaba él en la orilla, firme en su pequeña silla plegable y con su añosa caña en mano, cuando llegué.


Lo saludé con una palmada en su robusta y cansada espalda y me agaché a su lado ocultando un bostezo. A continuación puse mi mejor cara de diversión y él me sonrió. En sus ojos había un melancólico brillo y luego, en sus labios, sorprendentes palabras: “Stellita, querida, nunca te pedí que atrapes algún pez, solo que contemples conmigo el atardecer”.

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